La noche del 24 de julio de 2013 no hubo descanso en Santiago. Ni para los cientos de sanitarios, policías y efectivos de emergencias que se desplazaron a la curva donde un Alvia descarriló a 170 kilómetros por hora; ni para todas las familias que, en vilo y aún noqueadas por la noticia, buscaban desesperadas a los suyos . Fue una madrugada interminable, con una única luz, la de los potentes focos bajo los que los operarios trabajaron contrarreloj para liberar a los viajeros del amasijo de hierros en el que se había convertido el tren, a apenas un kilómetro de la estación de destino. Entre los profesionales que esa noche fueron movilizados estaban los integrantes del GIPCE. Las siglas... Ver Más
Una psicóloga experta en catástrofes: «El duelo, en siniestros como Angrois o Urda, dura muchísimo más»
La noche del 24 de julio de 2013 no hubo descanso en Santiago. Ni para los cientos de sanitarios, policías y efectivos de emergencias que se desplazaron a la curva donde un Alvia descarriló a 170 kilómetros por hora; ni para todas las familias que, en vilo y aún noqueadas por la noticia, buscaban desesperadas a los suyos . Fue una madrugada interminable, con una única luz, la de los potentes focos bajo los que los operarios trabajaron contrarreloj para liberar a los viajeros del amasijo de hierr
Key Takeaways
- Una psicóloga experta en catástrofes: «El duelo, en siniestros como Angrois o Urda, dura muchísimo más».
- La noche del 24 de julio de 2013 no hubo descanso en Santiago.
- Entre los profesionales que esa noche fueron movilizados estaban los integrantes del GIPCE.
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Published originally on ABC España





