Ciclos glaciares - Una investigación publicada en Science revela que el casquete canadiense de Barnes creció durante unos dos milenios hasta 1960, aunque su relación con otro ciclo glacial sigue discutida Los aeropuertos de las regiones más próximas al Ártico tendrían que retirar la nieve y el hielo de sus pistas con mucha mayor frecuencia, porque las bajas temperaturas durarían más meses al año. Si una glaciación comenzara ahora, tendrían que reorganizar vuelos y mantenimiento durante inviernos mucho más prolongados. Eso, quizás, sería un mal menor porque el enfriamiento desplazaría zonas agrícolas, alteraría ecosistemas y exigiría adaptar viviendas, transportes y suministros energéticos. También descendería el nivel del mar, porque más agua quedaría retenida en enormes capas de hielo. Sin embargo, las grandes capas de hielo tardarían miles de años en desarrollarse, por lo que sus efectos serían progresivos. El casquete de Barnes pudo anticipar otro periodo glacial Una investigación publicada en Science sobre el casquete de Barnes, en Canadá, plantea que el calentamiento humano pudo frenar una nueva glaciación. Sus autores reconstruyeron una expansión iniciada hace unos 2.000 años que terminó alrededor de 1960, cuando el hielo comenzó a retroceder. Las emisiones de combustibles fósiles pudieron interrumpir aquel avance, aunque considerar ese crecimiento como inicio de otra glaciación sigue discutido. Las emisiones futuras también determinarán cuánto se alterarán los ciclos glaciares naturales, según el geocientífico Shaun Marcott, de la Universidad de Wisconsin-Madison. En un comentario publicado junto al estudio en Science, advirtió: “Los seres humanos son ahora agentes geológicos capaces de frustrar millones de años de ciclos glaciares naturales y alterar el clima de la Tierra durante cientos de miles de años”. Los registros geológicos permiten reconstruir dos milenios de cambios glaciares Las advertencias sobre una posible glaciación generaron un gran debate científico y mediático en la década de 1970. Tras una reunión celebrada en la Universidad de Brown, varios investigadores enviaron una carta al presidente estadounidense Richard Nixon sobre el enfriamiento que consideraban próximo. La cobertura, incluido un artículo de Newsweek, fue utilizada por negacionistas del cambio climático para cuestionar el calentamiento global actual. La reconstrucción de Barnes lleva al paleoclimatólogo Nicolás Young, autor principal del trabajo en la Universidad de Columbia, a revisar aquellas predicciones. Young declaró a Wired: “Creo que este estudio ayuda, de hecho, a demostrar que los científicos tenían razón sobre una glaciación inminente”. Considera que aquel crecimiento representaba una expansión glacial inicial, interrumpida por el aumento de las temperaturas estivales. La expansión de Barnes divide a los especialistas sobre el próximo enfriamiento Las conclusiones sobre aquella fase inicial requieren comparaciones regionales, según Meredith Kelly, profesora de Ciencias de la Tierra en Dartmouth. Kelly valoró la datación de las plantas y la reconstrucción del movimiento del hielo, pero pidió comparaciones con glaciares de otras regiones. Esos registros ayudarían a determinar si el crecimiento de Barnes respondía a un proceso más amplio. La antigua glaciación norteamericana permite situar el casquete estudiado en la isla canadiense de Baffin. La capa de hielo Laurentide llegó a extenderse desde el Ártico hasta el actual Illinois y alcanzó espesores superiores a tres kilómetros en algunos lugares. Barnes constituye su último vestigio y conserva una superficie comparable a la del estado estadounidense de Delaware. El estudio de un antiguo casquete de hielo canadiense plantea que las emisiones humanas pudieron alterar el calendario natural de esos grandes enfriamientos La idea de que otra glaciación ya había comenzado recibe objeciones de Andrey Ganopolski, físico del Instituto de Investigación del Impacto Climático de Potsdam. Según explicó a CNN, varios modelos, incluidos los suyos, sitúan la siguiente glaciación a unos 50.000 años incluso sin calentamiento humano. Para Ganopolski, el crecimiento de Barnes no demuestra por sí solo que hubiera empezado un nuevo ciclo glacial. Los registros geológicos permiten reconstruir dos milenios de cambios glaciares El casquete de Barnes permanece adherido a su lecho rocoso y conserva restos vegetales bajo el hielo, lo que facilita reconstruir su evolución. A diferencia de otros glaciares que se desplazan y destruyen parte de esas huellas, su expansión sepultó musgos y líquenes que habían crecido en terrenos antes descubiertos. Esos restos permiten examinar cuándo volvió el hielo a cubrir cada zona de la tundra. Los musgos recuperados en terrenos liberados por el retroceso fueron analizados mediante datación por radiocarbono para determinar cuándo murieron. Su muerte indica aproximadamente el momento en que el casquete avanzó sobre la vegetación, lo que permite reconstruir antiguas posiciones del borde helado. De esta manera, la técnica reconstruye la expansión del casquete a lo largo del tiempo sin depender únicamente de fotografías recientes. El berilio-10 revela cuánto tiempo permanecieron expuestas las rocas Las rocas cercanas aportaron otra medida temporal mediante el berilio-10, un isótopo que se acumula cuando la superficie recibe radiación cósmica. Su medición permitió estimar cuánto tiempo habían permanecido expuestas las rocas tras retirarse el hielo. Así, la comparación con las fechas de los musgos permitió distinguir periodos de retirada y crecimiento del casquete. Las mediciones sitúan un tamaño mínimo de Barnes hace aproximadamente 3.600 años y otra expansión iniciada hace unos 2.000 años. Las fotografías aéreas muestran que el crecimiento terminó hacia 1960 y el hielo comenzó a retroceder. Desde la década de 1980, el borde del casquete ha retrocedido una media de cuatro metros anuales, deshaciendo sobre el terreno siglos de avance.
¿Ha evitado la humanidad la próxima glaciación sin querer? Un estudio descubre un cambio tras 2.000 años de expansión del hielo

Ciclos glaciares - Una investigación publicada en Science revela que el casquete canadiense de Barnes creció durante unos dos milenios hasta 1960, aunque su relación con otro ciclo glacial sigue discutida glaciación comenzara ahora, tendrían que reorganizar vuelos y mantenimiento durante inviernos mucho más prolongados. Eso, quizás, sería un mal menor porque el enfriamiento desplazaría zonas agrícolas, alteraría ecosistemas y exigiría adaptar viviendas, transportes y suministros energéticos. Tam
Key Takeaways
- ¿Ha evitado la humanidad la próxima glaciación sin querer?
- Un estudio descubre un cambio tras 2.000 años de expansión del hielo.
- Eso, quizás, sería un mal menor porque el enfriamiento desplazaría zonas agrícolas, alteraría ecosistemas y exigiría adaptar viviendas, transportes y suministros energéticos.
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Published originally on El Diario España






