El fútbol es un deporte que no es tan complicado de entender, aunque jamas te hayas calzado unas botas en tu vida. O no hayas visto un solo partido por televisión. O en un estadio. Si corres más que el rival y, además, tienes futbolistas que son mejores, técnica y físicamente, que los del equipo contrario, lo normal es que ganes. Y ganes bien. Muy bien. Eso es lo que hizo el Madrid en El Sardinero, en el mejor partido de la era Mourinho. Y, seguramente, en el mejor partido del equipo blanco en los dos últimos años y medio. Sin Vinicius, el Tetris se ha convertido por fin en un puzle donde todas las piezas encajan. Goleada al Racing, con goles de Mbappé, Bellingham y Diomande, sobre todo gracias a una primera mitad excepcional de los blancos. Suficiente para asegurarse los tres puntos, dejar una buena imagen y economizar esfuerzos para Atenas y Mestalla, dos partidos más fuera del Bernabéu antes del parón de selecciones, el último de 2026. El Madrid le dio continuidad a su buen partido en el Camp Nou, que ya venía con viento de cola tras la épica remontada en Roma y las goleadas al Sevilla y al Leipzig. Un carrusel de triunfos sin Vinicius, cuya sanción de cuatro partidos (más las sustituciones de Mourinho) han provocado un efecto rejuvenecedor, como esas cremas que prometen quitarnos décadas de encima. Sin el brasileño, se han producido una cadena de decisiones que han mejorado todas las líneas y los mecanismos del equipo. Y ahí está la salud de un conjunto que ha pasado en apenas tres semanas de temer por otra temporada en blanco a ser un mayúsculo aspirante a todo. Repitió Mourinho la fórmula del clásico, con Bernardo junto a Tchouaméni, Guler tirado a la derecha, Diomande en la izquierda, Bellingham de enganche y Mbappé arriba. Solo cambió a Trent por el lastimado Valverde. Bueno, y regresó Courtois, una vez superada la gripe. Dijo Mourinho en la previa que en el fútbol de hoy no ya existen los equipos con un once de carrerilla, como pasaba años atrás. Pero es complicado pensar en un Madrid más equilibrado, más solidario y con más química que el que jugó en el Camp Nou y que, prácticamente, repitió en El Sardinero. La victoria ante el Racing quedó sentenciada en la primera media hora. Marcó Mbappé de penalti en el 11, pero antes pudo hacerlo Bellingham, en un cabezazo en área pequeña que salvó una mano milagrosa de Agirrezabala, y Arda, con un remate de pierna derecha que salió por línea de fondo. Así que llegó Kylian, se inventó un penalti (el brazo de Prati no le obstaculiza lo suficiente para justificar la caída) y lo calzó él mismo en el lateral de la red. 0-1. El Racing reaccionó con rabia y aprovechó un error de Bernardo que Courtois no permitió que Luque aprovechara. El disparo del extremo lo abortó el belga al cerrar las piernas justo a tiempo. Una gota en el desierto para un equipo cántabro sobrepasado por el Madrid en todas las facetas del juego. Era cuestión de minutos que el equipo de Mourinho aumentara la distancia. Y así fue. En el 22, un balón de Huijsen desde área propia lo recibió Mbappé en el centro del campo. El francés descargó en Arda y el turco vio cómo Bellingham echó a correr desde la segunda línea para romper la línea adelantada del Racing. En el mano a mano con Agirrezabala, le superó con un sutil toque y luego empujó el balón a la red con algo de parsimonia. Tanto que a punto estuvo Pablo Ramón de chafarle el gol. Va sobrado el inglés, que ya suma cuatro goles en Liga. Hey, Jude. En el 36, llegó el tercero. Trallazo de Diomande desde la medialuna del área. El africano aprovechó un balón rechazado por la defensa del Racing, a la salida de un córner del Madrid, y soltó un derechazo de media volea que acabó cerca de la escuadra de Agirrezabala. Se reía el costamarfileño como solo se ríen los coleccionistas de golazos, la mano derecha de Bellingham se movía de arriba abajo y Militao, desde el banquillo, hacía un gesto con su mano izquierda que simulaba un agujero, que es lo que hizo en la red el obús de Diomande. La segunda mitad fue un pasa minutos, sobre todo para el Madrid, que entendía que el trabajo estaba ya hecho. Aun así, tuvo algunas ocasiones para aumentar la cuenta, como un disparo de Mbappé al palo en el 60. No fue tan testimonial la intensidad del Racing, que al menos quiso pegarse el gustazo de ganarle una mitad al Madrid. Mejoró sus prestaciones, pero no su relación con Munuera Montero. El jiennense, avisado por el asistente, señaló un penalti en el 71 por mano de Tchouaméni. Le pudo la mala conciencia por el de Mbappé. El francés intentó controlar el balón con su pie derecho, en un salto dentro del área, y la pelota le dio luego en su brazo izquierdo, totalmente en posición natural. No tenía excusa el VAR para rebobinar la cinta. Como tampoco la tiene este renacido Madrid para darle recorrido a un equipo que, con Diomande y Bernardo, y sin Vinicius, ha cogido velocidad de crucero.
El Madrid coge velocidad de crucero
El fútbol es un deporte que no es tan complicado de entender, aunque jamas te hayas calzado unas botas en tu vida. O no hayas visto un solo partido por televisión. O en un estadio. Si corres más que el rival y, además, tienes futbolistas que son mejores, técnica y físicamente, que los del equipo contrario, lo normal es que ganes. Y ganes bien. Muy bien. Eso es lo que hizo el Madrid en El Sardinero, en el mejor partido de la era Mourinho. Y, seguramente, en el mejor partido del equipo blanco en l
Key Takeaways
- El Madrid coge velocidad de crucero.
- El fútbol es un deporte que no es tan complicado de entender, aunque jamas te hayas calzado unas botas en tu vida.
- O no hayas visto un solo partido por televisión.
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