El análisis genético de 18 restos fósiles revela que grandes grullas consideradas durante décadas representantes de una especie extinguida pertenecían a la grulla común, que todavía existeDescubren un “hongo gigante” de hasta 50 centímetros que ya existía hace 65 millones de años Un estudio de ADN antiguo ha aportado nuevas pruebas para esclarecer un debate científico que se prolongaba desde hace más de 150 años sobre la identidad de unas grandes aves que habitaron Europa durante la prehistoria. Los investigadores han descubierto que los fósiles analizados, algunos de dimensiones extraordinarias y relacionados históricamente con la supuesta especie extinguida Grus primigenia, pertenecen a la grulla común (Grus grus). La investigación, publicada en la revista científica Royal Society Open Science, indica que estas aves eran antiguamente más grandes que las actuales, aunque todavía se desconocen las causas de esa reducción de tamaño. Los resultados cuestionan la validez de Grus primigenia como especie independiente, si bien no permiten descartarla definitivamente. El trabajo, encabezado por John R. Stewart, de la Universidad de Bournemouth, ha permitido identificar genéticamente 18 restos de grullas procedentes de yacimientos de España, Francia, Alemania y Reino Unido, con antigüedades comprendidas entre el Pleistoceno superior y el Holoceno tardío. Todos pertenecían a la grulla común, incluidos ejemplares cuyos huesos superaban las dimensiones habituales de los individuos actuales. Los resultados descartan que los fósiles estudiados correspondan a otras grandes especies, como la grulla sarus asiática (Antigone antigone) o la grulla siberiana (Leucogeranus leucogeranus), dos de las alternativas propuestas anteriormente para explicar su presencia en el registro fósil europeo. El origen de la controversia se remonta a 1871, cuando el paleontólogo francés Alphonse Milne-Edwards describió Grus primigenia a partir de un fragmento de hueso de la pata encontrado en depósitos del Pleistoceno superior de la cueva de Les Eyzies, en la región francesa de Dordoña. El fósil, correspondiente a un tíbiotars, presentaba una anchura superior a la del mismo hueso de la grulla sarus y fue considerado representativo de una especie diferente. Posteriormente se atribuyeron a este animal otros restos encontrados en distintos yacimientos europeos. Sin embargo, las diferencias anatómicas y de tamaño no permitían determinar con certeza si se trataba de una especie extinguida o de ejemplares de grulla común mayores que los actuales. El ADN revela por qué las grullas antiguas parecían diferentes Para esclarecer esta cuestión, los científicos combinaron mediciones de los huesos con técnicas de secuenciación de ADN antiguo. Las muestras procedían de contextos arqueológicos y paleontológicos diversos, entre ellos cuevas francesas del Paleolítico, asentamientos romanos de Alemania, yacimientos británicos de distintas épocas y depósitos fósiles de las islas Baleares. El análisis de los genomas mitocondriales permitió comparar los restos con diferentes especies de grullas y establecer sus relaciones evolutivas. Los 18 ejemplares se agruparon con Grus grus, sin mostrar diferencias genéticas que justificaran clasificarlos como una especie independiente. Tampoco se encontraron pruebas de un linaje diferenciado entre las poblaciones antiguas de las islas británicas y las del continente. Mapa de sitios con restos de grullas atribuidos a Grus primigenia o G grande. grus mencionado en el texto Otra de las claves del estudio ha sido determinar genéticamente el sexo de los individuos. Las grullas comunes presentan dimorfismo sexual, por lo que los machos suelen ser mayores que las hembras. Los investigadores identificaron machos antiguos con huesos que superaban las dimensiones de los ejemplares masculinos actuales, pero también hembras con medidas comparables o incluso superiores a las de estos últimos. Esta distribución indica que ambos sexos alcanzaban antiguamente tamaños mayores y ayuda a explicar por qué algunos restos pudieron interpretarse como pertenecientes a especies diferentes. Las variaciones no respondían únicamente al sexo de los animales, sino también a cambios en las dimensiones corporales de la propia especie. Los resultados sitúan esa reducción de tamaño durante el Holoceno y sugieren que las grullas europeas conservaron grandes dimensiones hasta el periodo anglosajón. Los ejemplares más recientes conocidos de este tipo proceden de Flixborough, en el norte de Inglaterra, un asentamiento ocupado entre finales del siglo VII y comienzos del XI. La comparación de sus restos con los de individuos anteriores y actuales apunta a que tanto los machos como las hembras eran, en promedio, mayores que sus equivalentes modernos. No obstante, el estudio no permite establecer cuándo comenzó exactamente la disminución ni si se produjo de manera gradual. Los autores consideran que el cambio tuvo lugar después de la época anglosajona. Restos hallados en Ibiza aportan nuevas pistas La investigación incorpora tres muestras procedentes del yacimiento de Es Pouàs, en Sant Antoni de Portmany, Ibiza, cuyos depósitos abarcan desde el Pleistoceno superior hasta el Holoceno. Este enclave ha proporcionado una importante colección paleontológica, con más de 400 huesos de grullas correspondientes a un mínimo de 22 individuos, entre adultos y ejemplares juveniles. Los tres restos sometidos a análisis genético también fueron identificados como Grus grus. Su estudio amplía las pruebas disponibles sobre la presencia de esta especie en distintos territorios europeos durante el Cuaternario y contribuye a comprender las diferencias de tamaño observadas entre las poblaciones antiguas y las actuales. Pese a los avances, los autores reconocen que todavía quedan interrogantes abiertos. El principal es determinar por qué las grullas comunes experimentaron una reducción de tamaño después del periodo anglosajón. Entre las posibles explicaciones mencionan los cambios climáticos y las transformaciones del paisaje provocadas por la actividad humana, como el drenaje de humedales, aunque advierten de que estas hipótesis siguen siendo especulativas. Existe, además, una limitación importante: el fósil original utilizado para describir Grus primigenia no pudo someterse a análisis genético, por lo que todavía no es posible confirmar definitivamente que aquella especie carezca de validez. Aun así, los resultados demuestran que los grandes ejemplares estudiados pertenecían a una especie que ha sobrevivido hasta nuestros días y cuya evolución corporal resulta más compleja de lo que se pensaba.
El ADN antiguo resuelve un misterio de 150 años sobre una gigantesca ave que habitó Europa

El análisis genético de 18 restos fósiles revela que grandes grullas consideradas durante décadas representantes de una especie extinguida pertenecían a la grulla común, que todavía existe Descubren un “hongo gigante” de hasta 50 centímetros que ya existía hace 65 millones de años Un estudio de ADN antiguo ha aportado nuevas pruebas para esclarecer un debate científico que se prolongaba desde hace más de 150 años sobre la identidad de unas grandes aves que habitaron Europa durante la prehistoria
Key Takeaways
- El ADN antiguo resuelve un misterio de 150 años sobre una gigantesca ave que habitó Europa.
- La investigación, publicada en la revista científica Royal Society Open Science, indica que estas aves eran antiguamente m&a
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